24/3/17

24 de MARZO

NUESTROS EX-ALUMNOS DESAPARECIDOS
 ¡PRESENTES!

















Imágenes: Actos 24/3/12, 25/3/13 y 10/12/14.

23/3/17

21 DE MARZO


SE CUENTA QUE...

San Benito (Nursia 480 - Montecasino 547) nació en una familia noble italiana y creció junto a su hermana gemela, la también santificada Escolástica. Gracias a la buena situación económica de su familia, Benito fue enviado a estudiar en Roma, donde recibió una exquisita preparación.

Pero esta formación, como más tarde diría San Gregorio Magno, no fue lo principal para el Santo quien, lejos de comulgar con el estilo de vida romano, se retiró a Subiaco, donde decidió dedicar su vida a la oración. De esta forma, San Benito estableció su vivienda en una cueva de muy difícil acceso, por lo que estuvo años sin que nadie le descubriera hasta que un día un sacerdote, guiado por Dios según San Gregorio, reparó en la presencia del ermitaño. A partir de este momento algunos pastores y campesinos, sabiendo de su pureza, lo visitaban, proveyéndolo de alimentos y recibiendo de él instrucciones y consejos.

Descubierto por la indiscreción de un sacerdote, se dejó elegir abad por un grupo de monjes que residían cerca de Vicovaro, los cuales, posteriormente, al no lograr adaptarse a la disciplina por él establecida, trataron de envenenarle.

Superada la asechanza, Benito de Nursia reunió a cuantos habían acudido a él de todas partes en busca de sus consejos y fundó en la región doce monasterios que muy pronto se poblaron de monjes, a los cuales dio como norma de vida la regla de San Basilio; de Roma llegaron también los patricios Tertulo y Equicio para confiar al patriarca sus jóvenes hijos Plácido y Mauro, que luego habrían de convertirse en dos de sus más ardientes discípulos y colaboradores.

Sin embargo, la paz y la tranquilidad no duraron demasiado. El envidioso sacerdote Florencio pretendió eliminarle; fracasado otro intento de envenenamiento llevado a cabo mediante un pan, trató de perjudicarle de la manera más infame, y no directamente en su persona, sino en sus jóvenes novicios, a los que sometió a la más dura de las tentaciones. El castigo no tardó en llegar, y el presbítero murió en el súbito derrumbamiento de su propia casa.

La Regla de San Benito tuvo una gran influencia en los monasterios carolingios. En la expansión definitiva de la Regla jugó un papel determinante el monasterio benedictino de Cluny que se expandió por toda Europa. Más tarde el Císter trató de volver a un estricto cumplimiento de sus preceptos al considerar las costumbres de los cluniacenses demasiado relajadas y apegadas a los bienes temporales. A San Benito de Nursia se le representa habitualmente con el libro de la Regla, una copa rota, y un cuervo con un trozo de pan en el pico, en memoria del pan envenenado que recibió Benito de parte de un sacerdote de la región de Subiaco que le envidiaba. San Gregorio cuenta que, por orden del santo, el cuervo se llevó el pan adonde no pudiera ser encontrado por nadie.

Benito, con unos cuantos compañeros, se alejó de aquel lugar y se dirigió a Campania, hacia el punto que habría de hacer para siempre famoso: Cassino, la antigua y bella colonia romana, entonces arruinada por las devastaciones de los bárbaros y la desolación de la guerra. En la Pascua del año 529 Benito destruyó el altar de Apolo que los moradores, vueltos al paganismo, habían levantado en la colina que dominaba el país, lleno de bosques sagrados, y lo reemplazó por los oratorios de San Juan y San Martín; con ello inició, mediante un acto de firmeza cristiana y romana, el futuro monasterio de Montecassino, el "Archicoenobium Casinense", donde el santo vivió durante el resto de su vida.


San Benito de Nursia, Abad de Montecassino (Frosinone, Lazio), es el patrón de Europa y el patriarca del monacato occidental, de tal manera que todas las órdenes monásticas de Occidente basan su patrón de existencia en la Regla que San Benito creó para la comunidad por él fundada. En ella se regulan minuciosamente todos los aspectos de la vida de la comunidad de monjes, vinculando la oración con el trabajo (ora et labora).

Por la inmensa labor que los scriptoria de los monasterios diseminados por toda Europa realizaron en pro de la conservación y difusión de la cultura occidental, y por las incipientes reglamentaciones que sobre los archivos de sus comunidades aparecen en la Regla, se le ha escogido como Santo Patrón de los archivos y los archiveros, celebrándose tradicionalmente su festividad el 21 de marzo.

10/3/17

Un nuevo año de trabajo


SEGURIDAD EN EL TRABAJO
Riesgos para la salud en archivos
Tipos de peligros, prevención, neutralización de las contingencias y recomendaciones para el personal, son algunos conceptos claves para fortalecer una cultura de cuidado en todo el archivo.

por Susana González
sgrestauro@gmail.com.ar
Lic. Conservación y Restauración Bienes Culturales –
Universidad Nacional de las Artes

Los archivos se encuentran dentro del grupo administrativo de “oficinas”, clasificación que no tiene en cuenta factores de riesgos que se hallan sólo en ese ámbito.

Entre los riesgos más habituales se encuentran 
los químicos, físicos, biológicos y los ergonómicos.

El reconocimiento de la exposición de riesgos, y la evaluación de pérdidas potenciales, son elementos básicos para un buen programa de salud ocupacional. Por lo general, los peligros se dividen en cuatro categorías. Los primeros son los riesgos químicos, que incluyen neblinas, vapores, gases, humos metálicos, polvos, líquidos y pastas cuya composición química pueda crear problemas.

Los físicos, entre los que se encuentran ruidos, radiación, temperaturas extremas, iluminación, vibración, microondas, rayos láser y radiación infrarroja ultravioleta. También los biológicos que considera a los insectos, moho, hongos, bacterias, virus, parásitos, gastrointestinales y otros agentes. La última categoría corresponde a los riesgos ergonómicos y tiene que ver con la interacción hombre/maquina/ambiente para que esta sea segura, eficiente y tan cómoda como sea posible. Tanto el aspecto psicológico como el fisiológico son importantes.

El mantenimiento del ambiente como primer paso La manipulación de los documentos de archivo requiere cuidados especiales, tanto para los empleados administrativos, del repositorio y los usuarios. Es importante la protección personal con guantes y mascarillas o barbijos apropiados, aunque esto no garantiza en absoluto impedir la contaminación. A nivel internacional, se acordó que el mantenimiento adecuado del ambiente es la vía más efectiva para evitar y controlar la contaminación. La reducción de la humedad y el incremento del flujo de aire inactivan y eliminan el crecimiento fúngico. Pero algo que resulta inevitable es la manipulación del material que ya ha sido contaminado antes de su ingreso, o bien por malas condiciones de guarda en el archivo. 

Factores contaminantes biológicos

Los documentos impresos son una fuente nutricional para diferentes organismos y microorganismos, no sólo porque la naturaleza constitutiva de su soporte es el papel, sino por todos los compuestos orgánicos que intervienen en su manufactura (las tintas, colas vegetales y animales, además de materiales de encuadernación como cartones, cueros y telas).

Los agentes biológicos que comúnmente afectan los materiales impresos son los microorganismos, insectos y roedores. Los hongos también son un factor de riesgo para el hombre y su desarrollo se dará cuando las condiciones ambientales le sean propicias (a partir de 22° C y humedad relativa superior al 65%.). Si el material es infectado por hongos, el riesgo de que el foco de infección se extienda rápidamente es muy elevado, ya que su reproducción es a través de esporas, transportadas por el viento o la ropa de las personas que entran en contacto con ellas. 

Los insectos comúnmente hallados en los archivos son los pececillos de plata o lepismas, los psócidos (también conocidos como piojos de libros) y las cucarachas. Las lepismas pueden tener hasta 12,5 mm de longitud; se alimentan del apresto del papel (especialmente al papel lustroso) y dañan tanto las encuadernaciones de los libros como el papel tapiz para llegar a los adhesivos subyacentes. Prefieren las áreas oscuras y húmedas que no son perturbadas por largos períodos de tiempo.

Los psócidos se alimentan de hongos microscópicos que crecen en el papel, por lo que su presencia usualmente indica un problema de humedad en el depósito. Son mucho más pequeños que las lepismas y también pueden comer engrudos y gomas, pero no producen huecos en el papel.

Las cucarachas son omnívoras, pero les gustan especialmente los materiales que contienen almidón y proteínas; se comen las páginas de los libros, las encuadernaciones, los adhesivos, el cuero y el papel tapiz. Mastican y horadan el papel y las encuadernaciones, pero también pueden manchar gravemente los materiales con sus secreciones.

¿Cómo ingresan los insectos a un archivo?

Además de los propios libros y documentos pueden acceder a través de ventanas y puertas inadecuadamente selladas o abiertas, conductos de aire y respiraderos. Las plantas cercanas a un edificio también proporcionan un excelente hábitat para los insectos, que luego pueden migrar. 

El mantenimiento de las condiciones climáticas recomendadas para la preservación de libros y papel ayudará a controlar los insectos. Se recomienda mantener un clima moderadamente fresco y seco, evitando las fluctuaciones bruscas de temperatura y humedad relativa. Estas deberían mantenerse en valores aproximados a los 20°C y 50% respectivamente. Otros métodos, como la fumigación y la gasificación, son muy utilizados en archivos para la eliminación de insectos. En general se utilizan insecticidas de base piretroides teniendo en cuenta los recaudos necesarios para evitar reacciones adversas en personas.

Los hongos tienen una gran capacidad para crecer en diferentes sustratos, en una amplia gama de condiciones ambientales, permitió a algunos de ellos colonizar tejidos vivos de animales y ser responsables de muchas formas de enfermedades. Producen metabolitos tóxicos cuando se ingieren, o alérgenos cuando se inhalan o entran en contacto de cualquier otra forma. Muchas de las enfermedades se originan por la inhalación y son de naturaleza respiratoria incluyendo la más común, la histoplasmosis, que está vinculada a ciertos ascomicetos. Los aspergilli patogenéticos o toxigénicos han sido reconocidos en todos los grupos de especies, con la excepción de siete de ellos. 

El aspergilli causa tres tipos de enfermedades; dos de ellas afectan al hombre. La micosis (primaria o secundaria) resultante de la invasión de tejido vivo por los hongos. También la alergia, que está asociada a la inhalación de la conidia u otros contactos con el hongo. Según informes médicos, los aspergillius son patógenos respiratorios.

La micosis es una infección producida por los hongos microscópicos y toman su nombre de la parte del organismo que invaden, o del hongo que las causa. En el caso de los archivos existen reacciones alérgicas por inhalación de las esporas y aunque algunas enfermedades alérgicas, como el asma, se ocasionan debido a la presencia de hongos. Existen micosis diversas que presentan síntomas característicos. Las superficiales pueden producirse por el contacto con documentos infectados (generalmente soporte papel), afectando la piel y las mucosas. Las esporas de la documentación con hongos penetran en el organismo por inhalación, y pueden producir infecciones pulmonares de diversa índole. En general las micosis son de evolución sub aguda o crónica, pueden ser letales o durar años. Entre los distintos tipos de micosis se encuentra la oculomicosis ojos (superficie de la cornea); otomicosis oído (conducto auditivo externo); subcutáneas piel (tejido celular, huesos y viseras) y oportunistas cavidades (se generan dentro de estas). 

Aquellos archivos que carecen de programas integrales de conservación, se convierten en verdaderos nidos para el cultivo de hongos no sólo en soporte papel (planos, pergaminos, fotografías, cuero y nuevas tecnologías). Esto hasta ahora refiriéndonos solo a los documentos ya que debido a estas degeneraciones bacterianas los archivistas se verán severamente afectados, convirtiéndose en el mayor de los casos en víctimas inocentes e ignorantes. 

Las infecciones micóticas son causadas por hongos que pueden vivir en la piel y que pueden habitar en los tejidos muertos del cabello, uñas y capas externas de la piel. Entre las infecciones micóticas se pueden mencionar los hongos tipo moho (dermatofitos, los cuales causan infecciones por tiña) y los hongos tipo levaduras (tales como la Candida). La Candidiasis cutánea es una de las más presentadas por contacto con documentación infectada, involucra infección de piel con Candida y puede comprometer casi cualquier superficie de piel en el cuerpo, pero por lo general se presenta en áreas cálidas, húmedas y con pliegues como axilas e ingle. La Candida también puede producir infecciones en uñas o alrededor de las esquinas de la boca.

Neutralización de hongos y remoción de residuos e insectos 

Después de neutralizar la actividad fúngica la mejor manera de eliminar los depósitos de hongos e insectos es recurriendo a medios mecánicos. Se recomienda utilizar una aspiradora, en lo posible con filtro de agua para asegurarse que quedarán retenidos en ese medio. No siempre es posible eliminar todo el rastro de los hongos, porque el micelio puede estar muy arraigado en el papel. La fumigación actualmente se utiliza en raras ocasiones, porque las sustancias químicas utilizadas pueden tener efectos negativos tanto sobre las obras de arte como sobre la salud del personal 

Factores químicos de contaminación

Uno de los potenciales riesgos para la salud en el trabajo de archivo es el riesgo de contraer tétanos a través de materiales oxidados. El tétanos es causado por una toxina producida por la bacteria Clostridium tetani. Las esporas de la bacteria, que pueden encontrarse en el polvo y documentos archivados durante mucho tiempo, entran al cuerpo a través de una cortadura o punción profunda. En los archivos se presenta debido a la punción o cortadura con ganchos y grapas metálicas infectadas y oxidadas. Si se sufre una herida, debe atenderse de manera apropiada limpiándola con jabón y agua, y usando un antiséptico en ella. Si el afectado no ha recibido un refuerzo contra el tétanos en más de cinco años, deberá recibir un nuevo refuerzo.

El material soporte de los microfilms es acetato de celulosa, que en condiciones ambientales adversas tiende a descomponerse. Su degradación provoca emanación de gases de ácido acético al ambiente. La inhalación de estos gases resulta perjudicial para la salud.

Recomendaciones para el personal de archivo

Para afianzar todas las prácticas de manejo dentro de un archivo acorde a parámetros de conservación es indispensable la creación de programas de seguridad. Todo el personal debe contar con conocimientos sobre los potenciales riesgos a los cuales están expuestos. Este es el primer escalón para alcanzar un buen nivel de aplicación de las normas de seguridad. Y desde ya, acompañado por el monitoreo permanente de las condiciones ambientales, la sistematización en el uso de materiales aptos para conservación (librería y limpieza), de elementos de seguridad y protección personal, y la implementación de desinsectaciones y desinfecciones regulares. 

Las medidas de preservación como las de seguridad e higiene tienen que ser respaldadas, sostenidas en el tiempo y estimuladas en todos los niveles del personal, desde el más alto al más bajo. Si se puede lograr un ambiente estable y seguro. El siguiente paso será promover una cultura del cuidado en todo el archivo, es decir, cultivar una cultura en la que todos y cada uno sea responsable.

Uno de los potenciales riesgos para la salud en el trabajo de archivo es el riesgo de contraer tétanos, a través de materiales oxidados.

Situaciones de riesgo comúnmente presentes en archivos

-Material contaminado con hongos activos e inactivos.
-Polvo ambiental contaminado con esporas.
-Documentación con elementos de sujeción metálicos en estado de oxidación.
-Cajas y documentos con polvo de oxidación.
-Documentación y contenedores con heces y orina de roedores.
-Presencia de gases contaminantes en archivos de materiales fílmicos (negativos, retro-positivos, microfilms).

Bibliografía consultada
CONSERVAPLAN: http://www.orienta.org.mx/biblioteca/pdf/conservacion6.pdf
Monsalve Guerrero, Alexander. Manual descriptivo para el conocimiento de riesgos en el depósito de archivo. Bogotá. 2006
Novotny, Deborah. Curso de Especialización en Conservación Preventiva del Patrimonio. Rosario. 2000. (Conservadora de Libros. Departamento de Preservación de la Biblioteca Nacional Británica).
Sherelyn Ogden. Manual de Preservación de Bibliotecas y Archivos del Northeast Document Conservation Center. Sgo. de Chile. 2000.

Fuente: INTI Boletín temático Nº 24, diciembre 2016, Conservación y restauración del papel.

LAS ASOCIACIONES DE MAESTROS EN QUILMES

por Chalo Agnelli 


El primer accionar de lucha por sus derechos de los docentes del partido de Quilmes aconteció a fines del siglo XIX. En esos años se venía repitiendo la discontinuidad en los pagos de sueldos.


Juana M. Cabrera

En 1895, la demora fue de 8 meses. Los maestros de Quilmes se reunieron en la esquina de Brown y Colón, casa de la maestra Juana María Cabrera [1] en asamblea para acordar qué medidas tomar. Entre los presentes estaba el joven maestro Atanasio Antonio Lanz de 18 años, que sabía bastante de las penurias que sufría una familia dependiente de un sueldo docente, pues se crió junto a sus padres educadores en la casa-escuela Nº 4 de Berazategui [2]. El joven Lanz propuso declarar una huelga. Por supuesto que la mayoría eran mujeres y esa palabra habrá escandalizado a algunas de las presentes pues estaba muy acendrado que el título de educador tenían adosado los calificativos: ‘altruismo’, ‘abnegación’, ‘sacrificio’ y otros eufemismos que permitieron siempre a los políticos acallar las dificultades de los educadores.


Esquina de Colón y Brown, casa de la maestra Juan María Cabrera donde se realizó la primera asamblea de maestros quilmeños en reclamo por sus sueldos (Hoy Heladería "El Polo", gentileza Sr. Iván Klaic)

Los asambleístas prefirieron dejar en suspenso la medida y formar una comisión integrada, entre otras, por doña Juana, la dueña de casa, la señorita Aurora Coccaro y la señora Celestina Marty de Mac Kay, quienes debían entrevistar al Director de Escuelas Sr. Berra para que se expidiera de los causales que determinaban la demora y resolviera la situación. La única respuesta que obtuvieron fue que ‘las arcas del estado provincial no contaban con fondos necesarios para paliar dicha dificultad’.


Maestro Atanasio A. Lanz (h)
 
Las comisionadas compungidas, resignadas regresaron al pueblo, pero con el germen de la unión gremial ya en brote.

La Asociación de Maestros fue la primera agrupación gremial que formaron los docentes de la provincia de Buenos Aires. Es la más antigua del país y de Sudamérica. Fue fundada el 25 de diciembre de 1901, a instancias del profesor Jorge Susini quien fuera director de la Escuela N° 1 de La Plata. 

Por Quilmes asistieron a la Asamblea Constitutiva, donde se discutió y aprobó la Carta Orgánica, los maestros Gaspar Flesca (de la escuela Nº 1) y Atanasio A. Lanz (h) (de la escuela Nº 4).

Eran los propósitos de esta Asociación:
1.- Estrechar los vínculos del Magisterio y solidaridad gremial entre los maestros. 
2.- Hacer sentir la acción del Magisterio en todos los ramos de la actividad pública y en la confección de leyes, reglamentos y presupuestos escolares. 
3.- Asumir la defensa del asociado cuando proceda. 
4.- Establecer una forma de protección mutua que comprenda a la familia en caso del fallecimiento del asociado y proteger al incapacitado en el servicio. 
5.- Organizar conferencias científicas y pedagógicas. 
6.- Fomentar le lectura y el estudio por medio de la creación de bibliotecas, organización de certámenes científicos y literarios. 
7.- Propender por todos los medios a la educación política del pueblo. 
8.- Propender al mejor desarrollo y preparación de la juventud: 
a) haciendo que permanezcan los menores en las escuelas hasta la edad reglamentaria; 
b) haciendo que se encaminen en la ruta de la ciencia, el arte y la industria. 
9.- Propender por todos los medios a su alcance a la de federalización del Magisterio Argentino. 
10.- Adquirir bienes raíces y muebles y proceder a su venta de acuerdo con las necesidades y conveniencias de la Asociación.

En 1921, la Comisión Local estaba integrada por: presidenta, Celia V. de Steeg, vice, Rosalía E. Davel de Deambrosi; secretaria, Luisa Molina; pro-secretaria, María Atana; tesorero, Antonio Oddone; pro-tesorera, María Elena Perli; vocales: Petrona Morris, Aurora Cóccaro, Eugenia Atanassi, Luciana Lemoine y Atanasio Lanz. El local se hallaba en la calle Leandro N. Alem 72.

En 1925, se produjo otra demora, pero la Asociación ya estaba organizada e intervino. En Quilmes la participación fue tan numerosa que debieron reunirse en el cine Sarmiento (luego Rivadavia). En esta ocasión el ya inspector Atanasio A. Lanz ofreció pagar con sus ahorros, sin interés alguno, parte de los sueldos a los maestros más necesitados. La suma era de $ 8000 y con ella se aliviaron las penurias de 14 maestros, casi todos rurales.


Rosalía Davel de Deambrosi

Uno de los conflictos de mayor dimensión se suscitó en abril de 1940; [3] Rosalía Davel de Deambrosi como presidenta de la Asociación acompañada por Luis Castelli y Dolores Carró Emparanza elevaron un reclamo contra la ley de escalafón que perjudicaba a los docentes y había mucha insatisfacción en las escuelas. Solicitaron que se dispusiera lo pertinente para que las bonificaciones del escalafón se computaran por períodos y no por el total de los servicios prestados, como así también reclamaron que se considerara sueldo íntegro, las licencias por maternidad, obtenidas antes de que la ley de presupuesto estableciese ese beneficio. Posteriormente se reunieron en La Plata con el Director General de Escuelas Dr. Mariano Malla Villanueva, el inspector general Sr. Evaristo Iglesias y con el subinspector Pérez Duprat que convinieron en lo justo de los pedidos y les confirmaron que a la brevedad se atenderían los reclamos. Atanasio A. Lanz fue vicepresidente de la comisión central de esta agrupación en la Provincia y presidente de la comisión local en distintos períodos. 


El Prof. Ricagno entre el Prof. Cotta y el Dr. Alfredo Palacios

FUENTE
Agnelli, Chalo “Maestros y Escuelas de Quilmes” Ed. Jarmat. Bernal, 2004.
Periódicos: ‘Norte’, ‘La Verdad’, ‘El Sol’

NOTAS
[1] Hija de inmigrantes canarios. Nacida en Quilmes en 1866, fallecida en Córdoba en 1954.
[2] Hoy Escuela N° 1 de Berazategui.
[3] Periódico Norte del miércoles 17 de abril de 1940.

Publicado por Blogger para EL QUILMERO el 3/02/2017

13/2/17

Nota ya publicada el 26/9/15


 HACIA LA FOTOTECA DIGITAL DE LA ESCUELA NORMAL DE QUILMES

Ponencia presentada en la 11ª Jornada de Fotografía Histórica de Quilmes el 1º de setiembre de 2012 ©


Las tareas de Recuperación y Puesta en Valor de la documentación que constituye el acervo del Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes, en las que me encuentro gustosamente involucrada, se iniciaron en setiembre de 2006, con un proyecto diseñado gracias a la preocupación de un grupo de alumnos del Profesorado de Historia. Desde entonces hemos trabajado sin pausa pero con la lentitud que nos impone la circunstancia de ser un reducido grupo de voluntarios, que ni siquiera se ha mantenido fijo en el tiempo. 

Este acervo contiene, además de los documentos textuales propios de una institución educativa, una cierta cantidad de fotografías, exactamente 566 positivas, 16 diapositivas y una fotografía enmarcada de la primera promoción de maestros; algunas de ellas remiten a la inauguración de la Escuela, en el año 1912. Para nuestra fortuna, la mayor parte se encuentra en buen estado de conservación. 

En este momento estoy presentando ante Uds. por primera vez, un proyecto que he diseñado y que se desglosa del mencionado al comienzo, que podríamos denominar “Hacia la Fototeca Digital de la Escuela Normal de Quilmes”

Pienso que “la imagen fotográfica juega un importante papel en la transmisión, conservación y visualización de las actividades políticas, sociales, científicas o culturales de la humanidad, de tal manera que se erige en verdadero documento social.”[1]

Acompañaré esta presentación con imágenes de nuestro archivo para enfatizar algunos aspectos.
Justificación preliminar: 

Quiero citar a del Valle Gastaminza: “La fotografía no es una copia fiel de la realidad, no es sólo una reproducción de algo que existe o ha existido. La fotografía es una representación icónica mucho más codificada de lo que habitualmente se admite. Y aunque se acuñen frases que pasan a ser estereotipos que la definen como la “cristalización del instante visual”, el “certificado de presencia” o la “reproducción no mediatizada”, lo cierto es que la fotografía se separa mucho de la realidad o, incluso, de la percepción humana de la realidad: en primer lugar, la fotografía elimina cualquier información… no susceptible de ser reproducida por medios ópticos. Además, reduce la tridimensionalidad característica del mundo real a la bidimensionalidad propia del plano, remarcada por el cuadro, elegido por el fotógrafo, como límite infranqueable y con una remarcable alteración de la escala de representación. La fotografía, salvo mediante recursos convencionales de lenguaje visual, no reproduce el movimiento, más aún, detiene el tiempo y, además, elimina o altera el color. Es decir, que consideramos a la fotografía como un documento integrado por soporte e información transmisor de un mensaje codificado que exige un esfuerzo decodificador por parte del destinatario. Por todo ello hay que insistir en que, cuando analizamos fotografías, no analizamos la realidad sino una representación de la realidad, si bien es cierto que se trata de una representación que percibimos muy fiel pese a los códigos. 

Ahora bien, dejando al margen las fotos manipuladas o trucadas, lo que sí puede afirmarse es que lo que aparece en una fotografía estuvo ante el objetivo de la cámara, la fotografía es lo que fue, lo que existió en un momento dado. Desde [una] perspectiva documentalista esta dimensión testimonial e histórica es enormemente importante, es lo que confiere a la fotografía su función de memoria individual y colectiva.”[2]

Las fotografías son –entonces- representaciones de la realidad traducidas en conocimiento humano, por lo que transmiten información relevante para cualquier estudio, ya que aluden a aspectos de una época, lugar o sociedad determinados y a las características de los individuos.[3]

“Los cambios más llamativos que se han producido en los últimos años en la investi­gación en historia de la educación tienen que ver, sobre todo, con las fuentes utilizadas. La incorporación de fuentes orales y visuales, como objeto de estudio o como fuente histórica, gracias en gran parte a las nuevas tecnologías, nos ha permitido ampliar [la variedad de] los temas estudiados”.[4]

Los historiadores de la educa­ción construyen historias sobre lo que constituye el pasado y, conscientes de ello o no, esas historias están influidas por el lugar que tienen dichos investigadores en el presente. Un lugar que no sólo es geográfico, sino temporal, social, vital, emocional, etc.[5]

Ciertamente, “la imagen se ha convertido en una fuente esencial para los historiadores... A través de su estudio se puede acceder a otros niveles de análisis en los procesos de reconstrucción del pasado.”[6]

En este aspecto, “lo verdaderamente interesante es comprender cómo las imágenes se relacionan con otros conceptos… `Es imposible producir una explicación al margen del marco lingüístico porque las imágenes que se despliegan y se interpretan en campos sociales, institucionales y políticos están discursivamente saturadas. Pero, al mismo tiempo, es necesario reconocer la irreductibilidad de la imagen al texto (o viceversa)´ (Nóvoa, 2003: 70).”[7] Volveremos sobre la cuestión lingüística más adelante. 

“Las imágenes, como toda fuente, hablan a quien sabe preguntarles. En este sentido, Sachetto (1992) dice que los objetos de la escuela son objetos huella que nos informan de lo que ha sucedido en los establecimientos educativos y tienen su propia memoria”.[8] Siguiendo a este autor, consideramos las fotografías de nuestro acervo histórico como parte de esos objetos que debemos interrogar para comprender el fenómeno educativo de otras épocas. 

Carmen Sanchidrián Blanco[9] plantea tres propósitos que se ven favorecidos con la incorporación de imágenes a la investigación histórico-educativa: 

1) Ir más allá de la descripción del escenario educativo. “Querer saber más de más cosas” son sus palabras. Hacer buenas preguntas sobre el pasado como requisito imprescindible para obtener buenas respuestas. Puede que ni siquiera así las obtengamos, pero si no sabemos preguntar, no podremos obtener respuestas, ni buenas ni malas. El talento del historiador consiste precisamente, en encontrar preguntas y decidir por dónde y cómo buscar las respuestas, en detectar lo que es prometedor. 

2) Ampliar los espacios y los tiempos que estudiamos. Deberíamos esforzarnos por ampliar nuestros temas, y no sólo en el tiempo, como señala la autora. En nuestro caso, dado que se trata de imágenes fotográficas y no de cualquier tipo de iconografía, los límites temporales los determinan la fundación de la escuela como inicio y la actualidad, siempre escurridiza hacia el futuro, como finalización. La historia de la educación no se ocupa sólo de la educación escolar (sistema educativo), pero ésta sigue teniendo un fuerte protagonismo, sin abandonar la educación familiar, social, etc.... 

3) Aprovechar el potencial evocador y el componente emocional de las imágenes. “El contenido de la imagen fotográfica -en su calidad de intrigante documento visual-, puede ser al mismo tiempo revelador de in­formaciones y detonador de emociones”[10]. El uso de las fotografías en las investigaciones va frecuentemente unido al uso de fuentes orales y entonces la carga emocional y la subjetividad son mayores porque, como dice Burke, “contar la historia de una fotografía en el contexto de la historia de la educación es un acto emocional: tiene que ver con la experiencia individual”. Frente a fotos escolares, la mayoría de las personas nos hablarán de su escuela, de su educación, de su familia, de sus relaciones con sus hermanos, de sus juegos… incluso viendo fotos que no sean suyas. Les ayudarán a evocar sus experiencias, las compararán con lo que ellos ven en la foto (que puede distar de lo que nosotros vemos)… Cuando sea posible, preguntaremos a los protagonistas de la foto acerca de ella, ¿qué recuerdan? ¿Qué pasó antes y después de la foto? Esa foto ¿te recuerda tu escuela? 

Suele decirse que las fotografías nos muestran, nos permiten ver la escuela, los niños, los maestros, el ambiente…, pero, y esto es importante, muchas veces pasa lo contrario: las fotos nos ocultan la escuela porque se hacen para ofrecer una determinada imagen de cómo era, de cómo eran los niños, de cómo era el maestro, de los materiales escolares, etc.; nos quieren dar una cierta imagen, no reflejar la realidad. 

Pero incluso estas fotos nos dan informa­ción. Vemos al alumno (o al maestro), cómo está vestido, su actitud, la posición de las manos, su mirada, los objetos del entorno… y vemos qué quieren mostrar y qué no nos quieren mostrar. Desde que existen las fotos, se han utilizado como un factor esencial para facilitar o evocar el recuerdo, un determinado recuerdo, y también para facilitar un determinado olvido. 

Como he señalado más temprano, nuestro patrimonio es limitado. Tengo la idea –quizás la ilusión- de que podremos acrecentarlo con la colaboración de la comunidad y, de ese modo, reunir una mayor cantidad de objetos fotográficos para estudiar el pasado de nuestra escuela. 

A partir de lo expuesto es que me planteo no sólo la posibilidad sino también la necesidad de elaborar e intentar llevar a cabo este proyecto, al que me gustaría denominar, como señalé, “Hacia la Fototeca Digital de la Escuela Normal de Quilmes”

¿Cómo he concebido esta Fototeca? 

La he pensado integrada por dos colecciones: la primera, conformada por la digitalización de las piezas que efectivamente pertenecen a nuestro patrimonio material. 

La segunda, con las digitalizaciones que ya hemos comenzado a hacer, de fotografías que son propiedad de un indeterminado número de individuos, quienes nos facilitan el proceso de crear el patrimonio virtual del archivo fotográfico. Mi contribución personal, además de la idea, es el aporte de numerosas imágenes pertenecientes a archivos particulares de mi propio entorno. Ya contamos aproximadamente con un centenar de documentos fotográficos virtuales. 

Vale decir que, con la digitalización, pretendemos crear un sistema automático integrado de recuperación y difusión de información que mejore las características de conservación, tratamiento y acceso del patrimonio material de este Archivo, así como su enriquecimiento con el almacenamiento de un patrimonio virtual que desconocemos en cuanto a volumen, propiedad y ubicación. 

Los obstáculos que enfrentamos 

Por el momento hemos advertido algunos obstáculos que pasaré a enumerar, y cuya lista con toda probabilidad se incrementará a medida que avancemos en el desarrollo de la tarea. 

Los referidos al patrimonio material que nos ocupa tienen que ver con la datación e identificación de personas retratadas, pues imaginamos que será bien difícil, y en muchos casos imposible, identificar individuos cuyas imágenes quedaron fijadas hace cien años, u ochenta o noventa. 

De hecho, tenemos un álbum, del que ignoramos quiénes y cuándo lo prepararon, con referencias cruzadas en las imágenes del primer director y del primer vicedirector, confusión que se esclareció gracias a la consulta con sus respectivos descendientes. 

Pero la mayoría de las fotografías no tienen indicación alguna que nos auxilie en esa tarea; en cuanto a las que sí las tienen, puede haber errores como en el ejemplo citado. 

Por otra parte, los individuos identificados y, en ocasiones las fechas, remiten a circunstancias y concepciones reputadas como significativas en la época. Pero es harto difícil encontrar los nombres de los numerosos rostros de niños y niñas retratados en tanto y en cuanto formaban parte de un grupo escolar, un grado, una división. A menudo ni siquiera se señala el curso que se ha inmortalizado para la posteridad. Hay numerosas fotografías de los actos del vigésimoquinto aniversario (año 1937), incluso las hay en los diarios del momento, pero… ¿quién es este pequeñito o aquella muchacha, quién fue –quizás- debería decir? 

La preeminencia que tenían los adultos por sobre los niños, los maestros por sobre los alumnos, en la conceptualización social de otrora, dará lugar posiblemente al reconocimiento de ciertas figuras manteniendo en el anonimato a otras. 

Pueden surgir también dificultades para reconocer los espacios, pues la Escuela Normal cambió de sede en dos oportunidades y los edificios fueron refaccionados muchas más veces. 

La fotografía por sí sola, sin elementos que coadyuven a hacer la descripción de la misma a los fines de la investigación histórica, que son los que nosotros perseguimos, puede ser valorada como un testimonio estético del pasado pero es de poca utilidad para reconstruir la vida educativa e institucional. 

No me detendré en los aspectos vinculados a las técnicas fotográficas empleadas, pues no tengo ningún conocimiento al respecto. Aquí en el auditorio, sin duda hay muchos expertos en la materia. No obstante, admito que el dominio de esos saberes contribuye enormemente a resolver algunos de estos problemas. En 1910, por citar una fecha, las escenas se “preparaban” para consolidar una toma fotográfica que requería una cierta cantidad de tiempo; décadas más tarde ya podíamos hablar de “instantáneas”. Hoy los recursos tecnológicos permiten obtener fotografías y filmaciones con múltiples dispositivos de acceso relativamente generalizado. No se fotografía lo mismo de entonces, ni con iguales propósitos, en las escuelas. 

También considero un obstáculo la necesidad de preservar adecuadamente estos materiales, pues si bien estamos informados acerca de los procedimientos recomendados, nos resulta difícil munirnos de los elementos necesarios porque el proyecto no tiene financiamiento. 

Deseo hacer mención, así mismo, del obstáculo para hacer una digitalización de buena calidad que, como acabo de decir, vinculo a la falta de financiamiento. Pero como estoy aquí para hacer una primera presentación de la idea, me apresuro a decir que también buscaremos soluciones para ese problema. El tiempo dirá si seremos capaces de hallarlas. 

La idea de digitalizar el acervo fotográfico tiene el sentido de brindar el acceso a cualquier persona interesada en este rico material, y de someterlo sólo una vez a la manipulación que implica el procedimiento, preservando así las unidades físicas de eventuales daños. En consecuencia, también debemos encontrar un depósito virtual –nuevamente, sin costo- para ubicar las imágenes resultantes debidamente catalogadas, clasificadas y descriptas según los usos establecidos por la disciplina archivística. He aquí otro obstáculo. 

La descripción de piezas fotográficas de archivo está bastante normalizada, pero se requiere tiempo de trabajo y conocimientos específicos para hacerlo; no advierto aquí un obstáculo pero sí una circunstancia que amerita ser tenida en cuenta en la concreción del proyecto. Ya hemos hecho una primera elección en este sentido, pero tal vez haya que modificarla. 

En cuanto al patrimonio virtual que podemos llegar a constituir, la lista de preocupaciones se amplía. 

Lo primero que debemos plantear es la definición de claros objetivos del proyecto; la selección de sistema de captura, proceso y almacenamiento; la definición del sistema de recuperación requerido y de las fases de implementación; la definición del sistema de coordinación del proceso de captura digital con el proceso de descripción documental; la definición del sistema de almacenamiento, proceso y acceso requerido y el estudio de los recursos y tiempo disponibles junto con la viabilidad del proyecto.[11]

Como dije hace poco, ya hemos recibido algunas imágenes digitales de piezas que no pertenecen al archivo propiamente dicho, gracias a la gentileza de miembros de la comunidad local que han conocido y comprendido la idea. Estos aportes fueron los que despertaron la inquietud para concebir el proyecto. 

Surgen las mismas dificultades ya mencionadas sobre la identificación individual, salvo quizás uno, dos o tres rostros por unidad, pues los propietarios son frecuentemente familiares de alguna persona allí fotografiada y pueden aportar ese dato, y a veces -no siempre- la fecha. 

Un adecuado inventario del patrimonio virtual debería incluir –entre otras informaciones- el asiento de la pieza original, de la misma manera que se hace con el material concreto que obra en nuestro archivo. Las preguntas que hay que responder sobre este particular son: ¿dónde se encuentra tal o cual fotografía? ¿A quién pertenece? ¿Cuándo fue tomada? ¿Quién la facilitó para enriquecer al Archivo Digital, al que podemos llamar “donante”? ¿Cuándo ingresó al Archivo Virtual? Y, luego, las características de la pieza original, su estado y la descripción del contenido. 

Con el transcurso del tiempo, una porción de esta información puede modificarse y probablemente no lo sabremos. Incluso la pieza puede cambiar de propietario, perderse o destruirse en el futuro. Pero seguirá alojada en nuestro repositorio virtual. 

Por otra parte, respecto de esta segunda colección, hay que diseñar una campaña de difusión que permita recolectar las imágenes, y registrar todos los datos posibles a efectos descriptivos, como detallé. También estamos analizando una convocatoria que resulte apropiada y exitosa. 

El análisis y la descripción del documento fotográfico: 

Como dice Sánchez Ortega, “el análisis documental del contenido de las fotografías comprende dos niveles: el análisis morfológico (aspectos técnicos y compositivos de la imagen) y el análisis de contenido (el objeto fotografiado y los significados). La representación surgida del análisis documental de una fotografía no va a ser reemplazar la imagen, ésta solo consiste en un acercamiento al mensaje de la fotografía, por lo que se intenta que esta aproximación sea cada vez más cercana al documento original”.[12]

Es sabido que “es relevante el conocimiento de los elementos formales (líneas, contorno, color, textura), los objetivos fotográficos, el tiempo de exposición, la iluminación y el encuadre, que componen la fotografía y lo que la conjunción de éstos enuncia, para así comprender los significados en su combinación”.[13] Pero a nuestros fines, pensamos centrarnos en el análisis del contenido. 

Los elementos mencionados, incluidos en el análisis morfológico de la imagen, adquieren valor y significado dentro del cuadro; está claro que su utilización y combinación influyen en el contenido y en su interpretación.[14]

“El análisis documental de contenido es un conjunto de operaciones a través de las cuales se estudia tanto el contenido como la forma de los documentos, que surge con el propósito de orientar a los usuarios sobre la información disponible y facilitar el acceso y la consulta de ésta. De este proceso se origina un nuevo documento (secundario), como representación, que permite la recuperación del documento original y su difusión. Este análisis requiere de determinadas competencias y habilidades que le permitan al analista explorar las interioridades del documento”.[15]

Seguimos a Félix del Valle Gastaminza al adoptar criterios para realizar el análisis documental del material fotográfico.[16] Ésa es la opción que hemos privilegiado por ahora. 

La consideración documental de la fotografía debe tener en cuenta que ésta difícilmente puede desgajarse de un contexto específicamente documental (lugar de aparición, pie de foto, material textual o visual complementario, etc.) por lo que habrá que estudiar las relaciones entre el documento y el contexto. No olvidemos que estas colecciones digitales forman parte de un Archivo Histórico, no sólo iconográfico sino primordialmente textual. Esta relación y otros aspectos inherentes a la fotografía hacen de ésta un documento de carácter polisémico, sujeto a muchas interpretaciones, a veces, tantas como lectores, por lo que su lectura e interpretación correctas en un entorno documental plantean muchas dificultades.[17]

El tiempo dispuesto para esta ponencia no me permite abundar en detalles, pero quisiera destacar que todos los aspectos tomados en cuenta por del Valle Gastaminza al proponer un método de análisis del contenido de la fotografía en un lenguaje documental me parecen pertinentes. Enuncio brevemente: 

1. Objetivos de la operación. La misma fotografía no sería tratada igual en un banco de imágenes de carácter profesional o histórico (como es nuestro caso) que en la colección particular de un fotógrafo. 

2. Lectura del documento y de todos los materiales que lo acompañen: pie de foto, reverso, autor, textos complementarios, fuentes externas, etc. Comparación con otras fuentes. Evaluación del significado principal del documento. 

3. Identificación de elementos fotografiados con la mayor precisión posible no omitiendo ningún dato aunque pueda considerarse obvio. 

4. Personas protagonistas de la fotografía (si las hay): de la forma más completa posible, sus nombres o apodos, los cargos, las funciones que desarrollan, etc. Si son personajes anónimos se les puede identificar por pertenencia a grupo de edad, profesión o función. 

5. Lugares. Nombres geográficos, tipos de espacios, calles, plazas, ámbitos, precisiones ambientales, estacionales, meteorológicas presentes en la imagen. 

6. Designación de los objetos presentes en la fotografía, tipologías o marcas. 

7. Descripción de la situación presentada en la fotografía, de las actitudes características de las personas fotografiadas, de las relaciones espaciales. 

8. Especificación del contexto de la fotografía. Aunque no esté presente, señalar el contexto histórico, político, social, cultural en el que se sitúa la fotografía si consideramos que ese dato es relevante para su recuperación. 

9. Estudio de las connotaciones. Esta es la parte más subjetiva del análisis. 

10. Evaluación de la pertinencia de los conceptos candidatos a entrar en la ficha de descripción, obtenidos en los puntos anteriores. El criterio a seguir tiene un carácter fundamentalmente práctico. 

11. Traducción al lenguaje documental. Tras analizar en una fotografía la denotación, la connotación y el contexto, habremos obtenido una serie de nociones y conceptos representativos de su contenido que habrá que transformar en descriptores (onomásticos: personas físicas y jurídicas; geográficos; temáticos, y cronológicos). 

12. Redacción de un resumen textual de la fotografía. Debe ser muy descriptivo y en su redacción debemos tener en cuenta qué es lo que incluimos, de tal manera que no aparezcan elementos anecdóticos en detrimento de otros más trascendentales. Es importante ordenar la información definiendo desde las primeras palabras quién o qué protagoniza la fotografía, dónde, cuándo y en qué circunstancias contextuales ha sido tomada y qué representa. 

Toda la información extraída del proceso debe presentarse en una ficha de representación elaborada a medida del sistema documental en la cual cada información deberá ir en su campo correspondiente. Por ello señalé antes que volveríamos sobre la cuestión lingüística. Del Valle nos suministra algunos ejemplos muy precisos a este respecto. 

El autor hace, también, algunas propuestas de gran interés sobre los bancos de datos fotográficos, aprovechando las ventajas tecnológicas disponibles en la actualidad. Establece como más apropiada la realización de las fichas de análisis correspondientes para cada representación mediante un programa de gestión de bases de datos documentales, así como la captación mediante escáner y compresión de todas ellas y su introducción en un soporte magnético u óptico. El sistema debe permitir la visualización rápida y simultánea de las imágenes recuperadas de forma que el proceso de selección sea ágil. La creación de lazos y relaciones entre imágenes, factible con técnicas de hipermedios o en HTML, podría contribuir –además- a ampliar las búsquedas a partir de otras imágenes, lo cual sería un paso adelante en la solución del problema de tratar con palabras el lenguaje visual. Efectivamente en muchas páginas de Internet se da acceso a las fotografías a través de otras fotografías. Una foto reducida puede dar acceso a la misma foto ampliada o a otras relacionadas con ella.[18] Esta es una alternativa que debemos analizar a la par de otros sistemas de gestión de datos. 

En resumen: 

Estimo que la creación de un Archivo Fotográfico Digital es altamente enriquecedora para el patrimonio institucional y local, así como para las eventuales investigaciones histórico-educativas o de otro orden que puedan apelar a estos documentos, entre otros, como fuentes. 

Igualmente, considero viable el proyecto aunque no sencillo en esta etapa de gestión. Adhiero a la postulación de Lara López, cuando dice que es urgente trascender la fotohistoria “para hacer una historia más global, en la que la fotografía sea una fuente más que coadyuve al conocimiento histórico”.[19]

Tengo muy presente que esta ocasión me ha permitido un breve pero muy valioso espacio para exponer nuestro propósito, el que deberá ser minuciosamente desarrollado y perfeccionado en otros contextos. 

Por dicho motivo quiero expresar a los organizadores y al auditorio la oportunidad y la atención que me han brindado, y aceptaré muy gustosa todo tipo de sugerencias u observaciones que contribuyan a concretar tan ambicioso plan. 

Nada más por mi parte. Muchas gracias. 

NOTAS: 

[1] del Valle Gastaminza, Félix. “Dimensión documental de las fotografías”. (2002) 
[2] del Valle Gastaminza, Félix. “Dimensión documental de las fotografías”. (2002) 
[3] Sánchez Ortega, Naydelín. “De la fotografía como representación de la realidad a documento representado: el análisis documental de contenido”. 
[4] Sanchidrián Blanco, Carmen. “El uso de imágenes en la investigación histórico-educativa”. (2011). 
[5] Sanchidrián Blanco, Carmen, op. cit. 
[6] Sanchidrián Blanco, Carmen, op. cit. 
[7] Sanchidrián Blanco, Carmen, op. cit. 
[8] Sanchidrián Blanco, Carmen, op. cit. 
[9] Sanchidrián Blanco, Carmen, op. cit. 
[10] Báez Allende, Christian y Piñeiro Fernández, Javier. “Más allá de las imágenes. La fotografía como documento histórico”. 
[11] del Valle Gastaminza, Félix. “Dimensión documental de las fotografías”. (2002) 
[12] Sánchez Ortega, Naydelín, op.cit. 
[13] Doucet, 2008, p. 52, citado por Sánchez Ortega, Naydelín, op.cit. 
[14] Sánchez Ortega, Naydelín, op.cit. 
[15] Sánchez Ortega, Naydelín, op.cit. 
[16] del Valle Gastaminza, Félix. “El Análisis documental de la fotografía”. (2001) 
[17] del Valle Gastaminza, Félix. “El Análisis documental de la fotografía”. (2001) 
[18] del Valle Gastaminza, Félix. “El Análisis documental de la fotografía”. (2001) 
[19] Lara López, Emilio Luis. “La fotografía como documento histórico-artístico y etnográfico: una epistemología” (2005).

Bibliografía:

Abbruzzese, Claudio Guillermo. “La fotografía como documento de archivo”.
Ancona Lopez, André Porto. “Contextualización archivística de documentos fotográficos”.
Ancona Lopez, André Porto. “El contexto archivístico como directriz para la gestión documental de materiales fotográficos de archivo”.
Báez Allende, Christian y Piñeiro Fernández, Javier. “Más allá de las imágenes. La fotografía como documento histórico”.
Bustos, Liliana. “Los archivos fotográficos, sus particularidades, una propuesta de trabajo interdisciplinaria”. (2005)
de las Heras Herrero, Beatriz. “La historia a través de la imagen: la fotografía como fuente de memoria”.
del Valle Gastaminza, Félix. “Dimensión documental de las fotografías”. (2002)
del Valle Gastaminza, Félix. “El Análisis documental de la fotografía”. (2001)
del Valle Gastaminza, Félix. “Perspectivas sobre el tratamiento documental de la fotografía”. (2002)
Diodati, Lilian. “Una interesante sociedad. La concurrencia entre Historia e imagen fotográfica”. (2009-2010)
Lara López, Emilio Luis. “La fotografía como documento histórico-artístico y etnográfico: una epistemología”. (2005)
Lobato, Mirta Zaida. “Memoria, historia e imagen fotográfica: los desafíos del relato visual.
Martín Nieto, Eva. “El valor de la fotografía. Antropología e Imagen”.
Miguel Montoya. “Fotografía e historia”.
Pantoja Chaves, Antonio. “Las fuentes de la memoria. La fotografía como documento histórico”.
Sánchez Ortega, Naydelín. “De la fotografía como representación de la realidad a documento representado: el análisis documental de contenido”.
Sanchidrián Blanco, Carmen. “El uso de imágenes en la investigación histórico-educativa”. (2011)
Vélez Rodríguez, Evelyn. “`Claridad´ y la fotografía como documento histórico”. (2011)

1/2/17

Método de recuperación de tintas desleídas en manuscritos antiguos
Gladys Garay, Lic. en Conservación


Restauración de Bienes culturales

La degradación de tintas es uno de los problemas más frecuentes que pueden encontrarse, principalmente en manuscritos antiguos. Ya sea por oxidación o por barrido, las tintas tienden a perder su materialidad dando como resultado un trazo ilegible y, por lo tanto, pérdida de información. En ambos casos la restauración o restablecimiento de la información es irreversible, lo que quiere decir que no es posible devolver el aspecto original.

La propuesta, entonces, radica en buscar un método que permita recuperar la visibilidad de información en manuscritos afectados por barrido o lavado de tintas, sea cual fuere el origen de dicha degradación (humedad directa o indirecta; pérdida de cohesión de aglutinantes, desgaste por uso, etc.) y, a su vez, recuperar el aspecto original del documento.

Actualmente los medios tecnológicos nos brindan la posibilidad de acceder a información más allá de la materialidad o estado de conservación de una pieza documental u objeto de estudio; tal es el caso de los trabajos realizados sobre palimpsestos y códices, en los que a través de métodos multiespectrales o luminiscentes se logran conocer las capas subyacentes de un texto o imagen (gráficos, bocetos, escrituras anteriores). El método luminiscente también es muy utilizado en investigaciones periciales, para la determinación de originales o falsificaciones, así como también para la determinación de sustancias orgánicas.

En el caso que se plantea, los medios tecnológicos nos brindarán la posibilidad de conseguir, de manera simple y económica, un nuevo soporte de resguardo y consulta sin modificar o intervenir el original; también nos permitirá aproximarnos al reconocimiento de componentes y conocer diferentes agentes de deterioro presentes en el documento de estudio.

A partir de esto se disparan diversos temas de debates tales como:

Protocolo del actual uso de los diversos medios tecnológicos.
Lo pro y contras de su uso.
En qué casos es recomendable y en cuáles no.
Cómo puede afectar el uso de herramientas multiespectrales sobre un manuscrito antiguo.

El tema es amplio, pero la idea es que se comience a debatir la posibilidad de su aplicación en beneficio de la preservación y difusión de documentos que actualmente se consideran perdidos. I. Desarrollo del procedimiento:

Un ensayo realizado sobre documentos del siglo XVII y XIX, los cuales fueron sometidos a radiación UV de manera controlada, nos permitió reconocer las huellas de la escritura que a simple vista (o luz día) no era posible reconocer. Esto sucede por la capacidad de los materiales que componen o componían la tinta utilizada tienen para absorber radiación en un rango de 180 a 380 nm, longitud de onda correspondiente al rango UV dentro del espectro electromagnético.

A pesar de ya no contar con la materialidad que les permitía ser legibles, las tintas conservan parte de sus componentes entre las fibras del soporte, en este caso papel de algodón, cáñamo y lino; por otro lado el proceso de oxidación, propia de las tintas ferrogalotánicas, producen un cambio estructural en el soporte, modificando su índice de refracción de manera local. Todo esto permite que la radiación incidente y absorbida devuelva una imagen en una longitud de onda dentro del rango visible del espectro electromagnético (380 – 400 a 700 nm).

Sin embargo esta reacción es temporal, sólo puede ser percibida durante la irradiación UV. Por lo tanto para retener la imagen se realizó una captura fotográfica por medio de una cámara digital conectada a una CPU desde donde se comandaba y ajustaba la imagen, de modo que el tiempo del proceso y la exposición del documento sea corto y preciso.

Es importante tener presente que el primer paso siempre es la realización de una foto testigo a luz día, que auxiliará de referencia y testigo del estado original de la pieza documental antes de cualquier proceso.

Lo que resta, entonces, es realizar un pos-proceso digital consiguiendo un nuevo soporte de información. Esto quiere decir que no hay una intensión de modificar el soporte original, sino obtener un respaldo que nos permita acceder a la información contenida sin mayor intervención del soporte original.

Para realizar este proceso fue necesario contar con una vitrina oscura, a la que se le colocó 2 lámparas(1) de tubo de iluminación UV, de 20 watts cada una, fabricadas en el rango de longitud de onda a 253,7nm. Este tipo de lámparas se utilizan habitualmente para esterilización por su efecto germicida, por lo tanto nos permite inactivar agentes microbiológicos latentes o activos, al mismo tiempo que realizamos el resto del proceso de recuperación de legibilidad de la escritura deteriorada. También se incorporó un estativo como soporte de la cámara fotográfica, la cual fue conectada a una CPU; y una aspiradora direccionada localmente, permitiendo la limpieza superficial y mecánica, radiación y captura de imagen en un mismo espacio de trabajo. 


II. Evaluación de los resultados y efectividad del proceso:

El ensayo fue realizado sobre un total de 10 legajos de un promedio de 600 folios cada uno, de iguales características pero diferentes épocas; y en un 90% se obtuvieron resultados positivos. El 10% restante presentó características particulares tales como:
La irradiación no alcanzó el rango visible
Se obtuvo una imagen en diferente coloración y se dificultó el post-proceso digital

Esto puede suceder por varios motivos, de los cuales destacamos principalmente la composición de las tintas, sobre todo teniendo en cuenta que su manufactura era artesanal: no fue hasta 1838 que se logró patentar, y unos cuantos años más se tardo en difundir una fórmula que brindase cierta estabilidad.

Una solución a esto sería realizar nuevos ensayos en diferentes longitudes de onda, o incluso superponer imágenes en diferentes espectros, procedimiento conocido como Ensayos Multi-espectrales.

De igual modo, estos resultados deben evaluarse durante un post-proceso, en donde la imagen obtenida se ajusta buscando mayor contraste y nitidez al ojo humano.

En síntesis, lo que busca este tipo de procedimientos es encontrar la manera de recuperar un texto, que significa información; y para eso los medios tecnológicos serán una herramienta que, además, nos dará la accesibilidad que la actualidad requiere.

III. Medios tecnológicos:

Una vez logrado nuestro objetivo comienza un gran debate sobre el “valor” u originalidad del nuevo documento que se genera, y es allí donde será necesario el trabajo en equipo tanto con disciplinas que manejan la organización de la información (archivistas), como con aquellos que manejan el universo informático.

Si bien la informatización de archivos ya es un hecho (o al menos ya está en curso), todavía las herramientas legales están en evaluación. Sin embargo existen modos de determinar la validez, originalidad y custodia o responsable del documento expuesto. Tal es el caso de los metadatos, que no es ni más ni menos que la información que acompaña una imagen digital desde el momento de su captura. La marca de agua es otra alternativa, y quizás la más utilizada, no obstante el resguardo de documentación requiere de la conservación fiel y exacta del aspecto original, es decir que será necesario replicar una misma imagen en diferentes calidades en cuanto a su definición: un master de mayor fidelidad y una copia modificada para ser consultada, incluso reproducida.

IV. Consideraciones finales:

Si bien el método multi-espectral es una herramienta de análisis utilizada comúnmente en el reconocimiento de diferentes materiales, todavía no está considerado como una alternativa de uso frecuente; y si bien el uso de radiación UV sobre soporte papel puede atentar contra los criterios de Conservación que lo presentan como uno de los principales factores de deterioro, en el caso de documentos que se consideren irrecuperable, puede presentarse como una solución e incluso como complemento a la hora de intervenir material afectado por ataque microbiológico, aunque aún sea tema de debate.

En cuanto a cuándo es recomendable o no su aplicación , es una decisión que queda sujeta a un análisis previo, en donde se deberá evaluar no solo el aspecto de la conservación del objeto en sí mismo, sino también el aspecto funcional desde la óptica archivística e histórica.

El uso de medios informáticos en función de la conservación no significa la guarda permanente en modo estanco, sino una herramienta que evita el exceso de manipulación y exposición; no obstante el monitoreo y la estabilización del estado general de una o varias piezas documentales requiere de una planificación integral y de un trabajo en equipo desde los diferentes sectores que forman parte integral de la organización de un Archivo como Institución.

Referencia:
(1) Lámparas de marca comercial BTE, de origen chino. También se encuentran en el mercado lámparas Phillips, pero estas funcionan en diferente longitud de onda. 

Gladys Garay, Lic. en Conservación 
Restauración de Bienes culturales. Abril, 2016. 

Este trabajo fue parte del IV ENCUENTRO INTERNACIONAL DE CONSERVACIÓN PREVENTIVA E INTERVENTIVA EN MUSEOS, ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS. 2016 - Organizado por el Museo del Cabildo y la Revolución de Mayo Buenos Aires, Argentina. Auspiciado por Lucas de Leyden

Fuente: REVISTA LUCAS DE LEYDEN 1º de febrero de 2017